segunda-feira, 26 de setembro de 2011

El papel de Brasil en lograr el acuerdo con Irán: análisis del cientista político Prof. Luís Moniz Bandeira




El papel de Brasil en
lograr el acuerdo con Irán:
análisis del cientista político
Prof. Luís Moniz Bandeira
El lunes 17 de mayo un hecho casi sin precedentes sacudía las cancillerías y los gobiernos de todo el mundo: una de las potencias emergentes lograba modificar el curso de uno de los conflictos internacionales más peligrosos de la actualidad. Brasil con su presidente a la cabeza, Luis Inacio Lula Da Silva, lograba que Irán accediera a un acuerdo por el que este enviara la mayoría de su uranio enriquecido a Turquía
a cambio de combustible nuclear.

El ministro francés de Relaciones Exteriores, Bernard Kouchner, rindió homenaje a Brasil y Turquía por el acuerdo con Irán, pero el gobierno de los EE.UU. se mostró contradictorio, presentando junto al Grupo 5+1 un proyecto de resolución en la ONU que prevé nuevas sanciones contra Teherán. La ONDA digital entrevistó al cientista político brasileño Prof. Luís Moniz Bandeira, especialista en Estados Unidos y en la política exterior de Brasil,  sobre los distintos elementos que están en juego tras el acuerdo con Irán.

- ¿Que significado tiene el acuerdo entre Irán, Brasil y Turquía para la situación internacional? ¿Este acuerdo puede llegar ha evitar un nuevo conflicto bélico, como el de Irak?
– Creo que la situación de Estados Unidos es muy difícil, porque no les interesa ningún tipo de acuerdo, aunque el presidente Barack Obama diga que prefiere la vía diplomática, por medio de negociaciones con Irán. Pero me parece muy improbable un conflicto bélico. También es muy poco probable que va a emprender cualquier acción militar.  La escuadra de Estados Unidos, en el Golfo Pérsico, aunque está armada con misiles nucleares, no está en condiciones de usarlos. Bombardear las usinas atómicas que dicen existir en Irán es muy difícil. Si existen, están dentro de las montañas, en las cavernas, y los satélites no pueden ubicarlas. Además, trabar una guerra en Irán, sería otro desastre y mayor aún que en Irak y Afganistán. Los Estados Unidos tienen tropas en todas las regiones del mundo, pero sus Fuerzas Armadas están agotadas y enfrentan dificultades para reclutamiento de soldados. Mientras tanto los problemas - indisciplina, deserciones, ausencias sin justificativas - aumentan en las tropas que están en Irak y Afganistán, cuyo moral está cada vez más bajo.

Por otra parte, los recursos financieros de Estados Unidos, con una deuda pública que no tienen como pagar, están agotados.  La crisis en el Medio Oriente se agravaría al extremo. El precio del petróleo se alzaría de tal forma que los Estados Unidos y Europa no lo podrían soportar. Las consecuencias económicas serían fatales para el llamado Occidente, ya hundido en una profunda crisis financiera, peor tal vez que desencadenada por el colapso de la Bolsa de Valores de Estados Unidos, en 1929.

Igualmente no creo que a Israel le interese llegar a un conflicto armado con Irán. La enorme asimetría demográfica y geográfica puede ser decisiva. Irán, como he dicho, tiene más de 66 millones de habitantes y un territorio con más de 1,5 millón de kilómetros cuadrados. No está desarmado, como Irak. Irán posee armamentos, misiles que, aunque sin artefactos nucleares, pueden devastar a Israel y las bases de Estados Unidos en Irak y Afganistán, donde se encuentran casi 250 mil soldados, afuera los enviados por otros países de la OTAN. Por su vez, Israel, es militarmente mucho más fuerte que Irán, porque tiene armas nucleares, pero es un país muy pequeño,  con cerca de 7,2 millones, que ocupan un área de alrededor de 22.000 kilómetros cuadrados. Una franja de tierra que algunos cohetes con bombas, no necesariamente nucleares, pueden borrar del mapa. Esos datos son muy importantes para la evaluación de lo que puede ocurrir en el Oriente Medio.

- Poco después Estados Unidos celebró el paso positivo alcanzado, pero indicó que mantiene sus planes de sanciones sobre Irán. ¿Porqué EE.UU. insiste en la vía de confrontación total para solucionar este conflicto con Irán?
- El problema es mucho más complejo de lo que se imagina. Es económico,  político y geopolítico. La cuestión del enriquecimiento del uranio es un simple pretexto. El objetivo de los Estados Unidos y de las potencias que los apoyan es estrangular económicamente a Irán y derrocar al presidente Mahmoud Ahmadinejad, por medio de duras sanciones, para someter el país a su dominio.

El  desarrollo de Irán, como potencia económica y política en el Medio Oriente, no les conviene, como no le conviene a Israel y, tampoco, a Arabia Saudita. Y ahí el factor religioso se torna también político, incluso para los Estados Unidos, que derrocaron a Saddam Hussein, un sunita, y posibilitaron la asunción al poder de los chiítas, de la misma corriente islámica que los gobernantes de Irán y que son la mayoría de la población en Irak.

El temor en los Estados Unidos, el cual comparte con Arabia Saudita, es que Irak, económicamente fragilizado por la guerra y bajo el dominio del los chiítas, quede en la órbita de Irán, tras la retirada de sus tropas.  Eso parece inevitable. E Irán e Irak juntos, además de controlar las dos grandes reservas de petróleo del Golfo Pérsico, serían una enorme fuerza chiíta que podría influir sobre las minorías chiítas existentes en el Líbano y en otros países árabes. Los chiítas y sunitas son dos ramas del islamismo, rivales e inconciliables. 

Esas son algunas de las razones por las cuales los Estados Unidos insisten en las sanciones. Pero, como dije, no es viable una guerra. La amenaza que Irán podría representar si enriqueciera uranio es retórica. Hay una guerra psicológica que los Estados Unidos promueven, para mantener un clima de temor y así justificar la producción de armamentos por parte de su industria bélica. Y esa industria bélica factura millones de millones de dólares, vendiendo al Pentágono, con sobreprecio e indudablemente pagando voluminosas comisiones a los intermediarios del negocio, políticos, militares y miembros del gobierno y del Congreso, que hacen o aprueban  el presupuesto del Pentágono, anualmente, para la encomienda y compra de armamentos.

El gobierno de Estados Unidos así sustenta la industria bélica, de la cual depende hace muchos años la economía del país.  Y ahí los intereses de las grandes corporaciones se confunden con los intereses de los militares y políticos, que ganan comisiones, propinas y contribuciones para la campaña electoral, y determinan las políticas del gobierno, ya sea si el presidente es del Partido Republicano o del Partido Demócrata. La corrupción es intrínseca al complejo industrial-militar, contra el cual el presidente Dwight  Eisenhower había advertido, cuando dejó el gobierno en enero de 1961.

- De acuerdo a la política norteamericana, ahora Obama tiene dos problemas: Irán y el creciente papel de Brasil en el ámbito internacional. ¿Este papel de Brasil puede traerle una confrontación directa con los EEUU?
– No es la primera vez que la política exterior de Brasil se confronta directamente con los intereses de Estados Unidos. En la primera mitad de los años 1960, Brasil se opuso a las sanciones contra Cuba, en la OEA, donde impidió que los Estados Unidos consiguieran aprobar la intervención armada para derrocar al régimen revolucionario de Fidel Castro. Durante al régimen, después del golpe de 1964, los gobiernos militares tuvieron varias divergencias comerciales y políticas con los Estados Unidos. La confrontación fue muy profunda, cuando el presidente Ernesto Geisel (1974-1989) reconoció a los gobiernos revolucionarios de Angola y Mozambique, firmó el Acuerdo Nuclear con Alemania (1976) y denunció el Acuerdo Militar con los Estados Unidos (1977). Y es bueno no olvidar que los esfuerzos de los Estados Unidos para imponer el proyecto de implantación del ALCA fracasaron debido, sobre todo, a la oposición de Brasil, que contó con el respaldo de Argentina.

Esas contradicciones son normales, una consecuencia de la emergencia de Brasil como potencia industrial y que se puede considerar, actualmente, como una potencia política con influencia global. Pero los dos países – Estados Unidos y Brasil - tienen que mantener buenas relaciones, relaciones maduras, a pesar de las contradicciones y divergencias, y cooperando en los puntos donde sus intereses coinciden.

- En los EE.UU. parece haber dos enfoques distintos sobre este tema, el del presidente Obama que dice que es “un paso positivo” y el de la secretaria Hillary Clinton, quien se mostró escéptica sobre  la gestión de Lula. ¿Qué esta pasando en los EE.UU. con relación a este tema?
– El presidente Barack Obama no tiene el control del Estado americano, ni siquiera de su gobierno, donde hay muchas discrepancias y contradicciones. Hasta hoy él no cambió esencialmente la política exterior del presidente George W. Bush. Intensificó el envío de tropas hacia Afganistán y, a un año de su administración, ya murieron más soldados americanos - cerca de 1.000 - más que en los ochos años de guerra, desde que empezó en 2001. 

Dentro de su gobierno, hay corrientes más moderadas, otras belicistas y éstas, de cierto modo, predominan. Tan cierto es esto que el presidente Barack Obama tuvo que aceptar el golpe de Estado en Honduras. Su tendencia personal es distinta de la Hillary Clinton, aunque pertenezcan al mismo Partido Demócrata. Ella tiene otros intereses electorales, quiere agradar al lobby judaico, cuyo poder es inmenso, y anunció que tenía un proyecto de sanciones listo para lograr un efecto de propaganda y mermar el impacto del éxito diplomático de Brasil y Turquía, que dejó a los Estados Unidos en una situación muy embarazosa, muy difícil.

Lo que Brasil y Turquía consiguieron fue que Irán aceptara, con una pequeña modificación, la propuesta hecha por los Estados Unidos hace ocho meses. Fue el resultado de un notable trabajo diplomático. Pero ahora Hillary Clinton alega que Irán no inspira confianza. ¿Y los Estados Unidos? ¿Tienen alguna credibilidad?  ¿Inspiran confianza? Ninguna. Es bueno recordar en momentos como este, las informaciones falsas para justificar la invasión de Irak.

El presidente George W. Bush y Collin Powel, su secretario de Estado, decían que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva. Y estas no existían. El alegato fue un simple pretexto para la invasión y derrocar a Saddam Hussein. Los Estados Unidos solamente hicieron la guerra porque sabían que Irak estaba desarmado. ¿Y ahora quién puede creer en lo que dicen sobre Irán? La realidad, y eso la historia lo comprueba, es que son los Estados Unidos que no tienen credibilidad y no inspiran confianza. Hasta el día de hoy, no cumplieron con el Tratado de No-Proliferación Nuclear (TNP), manteniendo sus arsenales atómicos.

- Algunos analistas dicen que Brasil, con estas gestiones ante Irán, quiere quitarle protagonismo al presidente de Venezuela Hugo Chávez que mantiene una buena relación con el presidente iraní. ¿En qué medida la gestión del presidente Lula, tiene que ver con la relación Venezuela Irán?.
– Es una estupidez lo que dicen tales analistas. Son ignorantes. El protagonismo del presidente Hugo Chávez no le molesta a Brasil,  que desarrolla una política externa según sus intereses nacionales. Desde por lo menos 1986, domina el ciclo tecnológico completo del enriquecimiento del uranio, por medio de la ultra-centrifugación, una tecnología que pocos países dominan. Eso lo permitiría producir la bomba atómica, si quisiera.  La planta de las Industrias Nucleares de Brasil (INB) funciona en Resende, al sur del Estado de Río de Janeiro. Y con  la  consolidación de la producción de uranio enriquecido, Brasil ahorrará anualmente cerca de US$ 100 millones con las importaciones para abastecer las usinas atómicas Angra 1 y 2. Ese gasto terminará antes de 2014, cuando la INB alcance la capacidad de atender la demanda de todo el parque nuclear de Brasil, incluyendo Angra 3 y las otras que serán construidas hasta 2030.

Hace pocos años, ya bajo el gobierno del presidente Lula da Silva, Brasil resistió a los intentos de Estados Unidos para que se sometiera a sus instalaciones nucleares e inspecciones amplias con intrusión de la AIEA, sin aviso previo etc. El hecho es que Brasil ha desarrollado ultra-centrífugas, que hacen cerca de 20.000 rotaciones por segundo para el enriquecimiento de uranio. Estas son consideradas las mas modernas que existen en el mundo. Y a los Estados Unidos y a las otras potencias nucleares, que no permiten inspecciones en sus plantas nucleares, les interesa conocer los secretos de las ultra-centrífugas de Brasil. El objetivo es espionaje. Brasil no permitió este tipo de inspecciones y alcanzó un acuerdo con la AIEA. Ahora los Estados Unidos y las otras potencias presionan para que Brasil firme un Protocolo Adicional al TNP para abrir las puertas de su planta nuclear y permitir amplias inspecciones por la AIEA.

El propósito es el mismo: espionaje. Brasil no firmará ese Protocolo Adicional al TNP. Es contrario a sus intereses nacionales. Y ahí también está confrontando con los Estados Unidos. Pero, la diferencia con otros países, es que Brasil desarrolla su política exterior, con actitudes y acciones concretas y no con retórica agresiva, radical. No la desarrolla mirando a otro país y mucho menos disputa liderazgo con Venezuela, cuya integración al Mercosur es un objetivo estratégico de su política exterior.  Por otro lado, Venezuela, ahora, no es miembro rotativo del Consejo de  Seguridad de la ONU. Y, aunque lo fuera, no tiene el suficiente peso económico y político internacional para intermediar en un conflicto como el que ocurre entre los Estados Unidos e Irán. Y, aunque tenga buenas relaciones con el presidente Mahmoud Ahmadinejad, el presidente Hugo Chávez no tiene influencia y condiciones de diálogo con ninguna potencia europea, mucho menos con los Estados Unidos. Varias de sus iniciativas erráticas, explotadas por los medios de comunicación, le crearon un enorme rechazo en el exterior. Incluso los que lo apoyan también le hacen severas críticas en este sentido. Su protagonismo, hoy,  está limitado a los sectores más radicales de la izquierda en América Latina.
LA ONDA® DIGITAL



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